Desde el municipio reconocen que la lucha contra los basurales clandestinos es constante y compleja.
Si bien los operativos de saneamiento se realizan de manera diaria, en muchos sectores los espacios limpiados durante la mañana vuelven a presentar residuos pocas horas después.
Bolsas de basura, escombros y restos orgánicos reaparecen, evidenciando que, más allá del trabajo municipal, aún falta mayor compromiso de la comunidad, aunque también destacan que muchos vecinos sí colaboran con la limpieza y el cuidado del entorno.
La actual gestión municipal ha definido la higiene urbana como una política prioritaria, entendiendo que la limpieza de la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un factor clave para la salud pública.
Desde el área de Servicios Públicos advierten que los minibasurales se convierten en focos de contaminación y en un riesgo sanitario permanente, especialmente en una provincia donde la prevención del Dengue resulta fundamental.
La acumulación de plásticos, envases y recipientes con agua estancada favorece la proliferación del mosquito Aedes aegypti, afectando principalmente a los sectores más vulnerables.
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Ante este escenario, las autoridades municipales renuevan el llamado a la responsabilidad compartida. Respetar los horarios de recolección, no arrojar residuos en la vía pública y evitar el uso de baldíos como vertederos improvisados son acciones simples que marcan una diferencia concreta.
“La limpieza más efectiva no es la que más se hace, sino la que menos se ensucia”, sostienen desde la comuna, remarcando que el cuidado de la ciudad es una tarea colectiva.
El mensaje es claro: Loreto es una casa común y su cuidado depende de todos. Arrojar basura en espacios públicos no solo implica una falta o infracción, sino un acto que perjudica a toda la comunidad.
Con operativos reforzados y un fuerte llamado a la conciencia ciudadana, el municipio busca avanzar hacia una ciudad más limpia, saludable y ordenada.